Hola! Bienvenidos
a mi primer blog.
Hoy me quiero
ocupar de manifestar mi postura sobre un tema que, desde que tengo conciencia
ciudadana no ha dejado de inquietarme y creo firmemente que llegó el momento de
sentar una postura clara y definitiva.
Lamento mucho
decepcionar a quienes por el título de mi blog, han ingresado a este espacio, pues, no tengo 10 razones para
legalizar el aborto en el Paraguay. Quizá ellas existan, quizá no, quizá me
ocupe de ello en otro blog pero ya que se han tomado la molestia de hacer un
click sobre el link, les invito a compartir un tema mucho más amplio que el
propuesto al principio, porque al final de este blog, quizá conocerán a una persona
que a mi parecer, puede influir notablemente en dar una solución definitiva a
la problemática del aborto, del desempleo, de la inseguridad, de la corrupción
y tantas otras plagas que enferman al Paraguay.
En una
ocasión, escuche al diputado Sebastián Acha dar apertura a una charla con la
siguiente dinámica: él diría una palabra y el auditorio se encargaría de
expresar otra palabra que se relacione con la que él diría, la primera que se
nos venga a la cabeza y su palabra fue: POLÍTICA.
La respuesta
del público no se hizo esperar: Corrupción! Deshonestidad! Injusticia! Fraude! Poder!
entre otras. No quiero decir que estuvimos equivocados (me incluyo porque yo
pensé en Calé Galaverna) pero con el tiempo aprendí a darle un enfoque
diferente a este asunto y lo quiero compartir con ustedes.
Para dejarlo
más claro, me quiero ocupar de diferenciar lo que significa Política y lo que es
la Politiquería. Política es una actividad humana que tiene como objetivo gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad (no lo digo yo, lo dice Wikipedia). Por otro lado, la Politiquería es el
ejercicio deshonesto y fraudulento del poder otorgado por la ciudadanía a un
representante, con el fin de cumplir objetivos personales y hedonistas del
mismo o de un grupo reducido de personas. Casi casi fallamos.
Es decir, la
mayoría de las personas corruptas, deshonestas e inoperantes que están hace
tiempo en el gobierno, no tienen absolutamente nada de políticos, más bien son
politiqueros. Ahora bien, ¿cómo llegaron al poder? Es un tema del que me
ocuparé más adelante.
Volviendo a
la época del colegio, si bien es cierto que yo no era un alumno ejemplar, siempre
me gustó mucho la Historia y me llamó mucho la atención encontrar los
siguientes datos históricos en lo que se refiere a Participación Política de los Jóvenes en el Paraguay.
Si nos
remontamos a la época de la independencia y haciendo unos rápidos cálculos, note que uno
de los más “experimentados” de nuestros próceres era Fulgencio Yegros, quien en
1811 tenía solo 31 años, Pedro Juan Caballero tenía 25 años, Juan Manuel Iturbe
tenía 26 años, Mauricio José Troche 25 años, Fernando de la Mora 26 años. Fueron
estos jóvenes, entre otras personas, que estaban convencidos de que el Paraguay
tenía que ser un país libre, los que lideraron nuestro camino a la
independencia.
Posteriormente,
luego de la Guerra contra la Triple Alianza, rescato el papel de los jóvenes
que cursaron sus estudios universitarios en el exterior, quienes volvieron para
tomar las riendas del gobierno y reconstruir el Paraguay. Juan José
Decoud, con sus cortos 23 años, elaboró un proyecto de Constitución Nacional
que fue tomado posteriormente como base para la Constitución de 1870, otro fue Facundo
Machaín quien fuera Presidente de la República con 25 años. La lista es larga y
sigue pero no los quiero aburrir con historia. Más bien, después de esto, pude
concluir lo siguiente: en tiempos de opresión, post guerra, catástrofe, miseria
e inseguridad soberana, el joven paraguayo tuvo un rol protagónico determinante
para sacar al país a flote, bien o mal, con aciertos y errores, natural de
cualquier desafío que uno tome en la vida, fueron jóvenes los que se encargaron
de dejar una marca histórica a lo largo de estos 200 años de independencia.
Pero como
diría el grupo humorista Les Luthiers en su diálogo con la juventud: “hoy en
día, las cosas han cambiado”. Yo no sé en qué momento de la historia del Paraguay
la participación del joven en la política se vió aplastada. Me refiero a la función
de ocupar un cargo importante, donde él pueda ejercer el liderazgo para el bien
del pueblo, como lo hacen algunos jóvenes a través de las ONGs, por ejemplo.
Quizá,
tuvimos miedo de ser perseguidos, torturados o asesinados durante la dictadura
de Stroessner. O quizá, ya en democracia nos mantuvimos reacios a participar al
ver como los posteriores presidentes se encargaban de vender al país.
O quizá
permitimos que los contaminados politiqueros, hurreros de comités de base, sin
preparación ni formación además de la de repetir: CIERTO! CIERTO! Cada vez que
un candidato hace una pausa en su discurso, vayan paulatinamente ocupando cargos
importantes y haciendo carrera politiquera para acceder al poder y así nos va.
Mientras nosotros
los universitarios, nos desentendemos de la vida política, origen de todo
problema social, económico y cultural del país, un hurrero seccionalero va
recorriendo casa por casa mostrando la carita y seduciendo al inocente pueblo
que luego lo votará por una caja de pollo o por unos kilos de galletas.
Decía más
arriba que en tiempos de opresión, miseria e inseguridad, el joven tuvo una
participación en la política fundamental para mejorar el país y me pregunto ¿Acaso
tenemos que estar peor para que nos empecemos a involucrar? ¿Acaso no es
opresión la que vivimos cuando no podemos salir de nuestras casas sin temor a
ser asaltados? ¿Acaso no vivimos miseria con tantos niños pidiendo limosnas en
los semáforos? ¿Qué más tiene que pasar para que volvamos a participar
efectivamente en las decisiones que mueven al país?
Recuerdo una
parte del discurso de Lula Da Silva en su campaña del PT, que decía así:
“El problema
de quien no gusta de la política, es que siempre es gobernado por el que gusta
de ella. Por eso siempre digo a los jóvenes: No adelanta pensar que ningún político
sirve, no adelanta que niegues a la política, porque el político que tú
necesitas, quizá no sea yo, o ningún
otro político, quizá el político que tú necesitas este dentro de ti mismo.
Entonces, participa, haz de la política tu arma para cambiar el país.”
Para ser
sincero, yo creo que el Paraguay está como está no porque en el poder están los
malos gobernantes, sino porque los buenos, no estamos ahí.
Entonces mi
amigo/a, cumpliendo con mi palabra de que quizá al final de este blog
encuentres a una persona que puede realmente cambiar al país, te presento a vos
mismo.
Sea del
partido político que seas, involucrate, participá y formá parte del cambio
desde el poder, seamos gobierno y no dejemos que otro inoperante ocupe el lugar que nosotros, los
que amamos este país, debemos ocupar.
¡Que viva el
Paraguay!